Postales de un mundo que ya no existe
Vivimos en una época donde todo sucede a una velocidad que casi no podemos procesar. En medio de esa urgencia constante, siempre me detuvieron las cosas viejas: cartas, fotos, objetos que sobrevivieron al tiempo. Me pregunto quién los sostuvo, qué sentían, cómo era su vida cuando escribir una carta era un acto de entrega y no de miedo.
Hoy, en cambio, evitamos hasta mandar un mensaje por temor a exponernos, a no ser validados. La intimidad se volvió un territorio frágil, moldeado por comparaciones infinitas y una sociedad digitalizada que parece más ruidosa que humana. Me conmueve pensar cuánto cambió la forma de amar —y cuánto perdimos en el camino.
El desecho de sentir
Vivimos rodeados de lo efímero —lo que se usa, se muestra, se descarta—, pero hay cosas que no desaparecen con la misma facilidad.
A veces tiramos lo que duele, creyendo que así se borra.
Y sin embargo, lo que tiramos sigue ahí, callado, conservando su forma, su perfume, su eco.
De los sueños a las imágenes
Siempre tuve sueños tan vívidos que parecían películas. Lugares imposibles que solo vivían en mi mente. Con la inteligencia artificial encontré el puente para darles forma y compartirlos: convertir lo intangible en imágenes que hacen real lo imposible.
creatividad + tecnología
La inteligencia artificial no limita mi imaginación, la expande. Es un aliado que me permite explorar, aprender y transformar ideas en universos visuales.